Translate

miércoles, 27 de abril de 2011

Ciencia e Ideologia

Ciencia|Miércoles, 27 de abril de 2011
Diálogo con Juan José Fanara, doctor en Biología

Avatares, evolución e ideología

El jinete se siente evolucionar, pero no sabe en qué dirección, ya que la evolución es una fuerza ciega: ¿terminará como un mamut, como un hipopótamo, como una mosca o algo parecido? Para tranquilizarse, recurre a un biólogo evolucionista.

Por Leonardo Moledo
/fotos/20110427/notas/na23fo01.jpg
–A ver, voy a empezar como casi siempre: ¿Qué estudia usted?
–La dinámica de los genes en las poblaciones naturales. Con “dinámica” me refiero al cambio de frecuencia en los genes de acuerdo con algunas características relacionadas con el clima, con la geografía (que muchas veces están muy relacionados). Esa es una parte del proyecto. La otra parte es la identificación de la función de algunos genes.
–Empecemos por la primera parte, si le parece bien.–Me parece bien. A ver... En cuanto uno sale a la calle lo que ve es una gran diversidad de formas, tanto sea entre distintas especies como dentro de una misma especie. A mí lo que me interesa ahora es la diferencia de formas dentro de una misma especie. ¿A qué se debe esa diferencia? Fundamentalmente, a dos cuestiones. Una es la composición genética que tiene cada uno de los individuos que forman parte de esa especie, cuál es la frecuencia de aparición de los alelos (las diferentes formas que tiene un gen) y la otra es el ambiente. Además hay una relación entre la composición genética y ese ambiente. Lo que yo intento estudiar es cómo las diferentes frecuencias de los genes interactúan con el ambiente de forma tal de expresar lo que nosotros vemos y caracterizamos como el fenotipo, es decir, el tamaño, el color, el comportamiento, la susceptibilidad a enfermedades, etcétera. Eso es lo que uno mide para ver qué tan bien está adaptado un organismo a un determinado ambiente.
–Cuando habla de diferencias intraespecie, ¿son diferencias muy grandes?–No necesariamente. A mí las que me interesan son las diferencias que estadísticamente resultan ser significativas.
–A ver, por ejemplo, en los gatos...–Me interesaría el color, el tamaño, la forma de la cabeza, su comportamiento de prelación y de huida, el tiempo que tarda en desarrollarse. Y trato de ver si esas características están relacionadas con alguna particularidad del ambiente específico. Supongamos que los gatos blancos estén mejor adaptados a condiciones de frío y los gatos negros, a condiciones de mayor temperatura.
–¿Y es esa la situación que mantiene el mecanismo de la selección natural?–Es la piedra fundamental. Cuando uno habla de selección natural, se habla de diferencias al nivel del fenotipo. El fenotipo es, de algún modo, la interacción entre una determinada información genética (genotipo) y el ambiente. Una determinada información genética puede estar muy bien adaptada a un ambiente A y muy mal adaptada a un ambiente B. Esa relación genotipo-ambiente es fundamental. Tres cosas, entonces, son fundamentales para comprender la variación del fenotipo. La primera: las diferencias a nivel del genotipo. Su información genética es diferente de la mía. La segunda: el ambiente. No es lo mismo el desierto que el bosque o que la selva. La tercera: la relación con el ambiente. Usted y yo nos vamos a desenvolver de manera diferente en esos tres ambientes.
–¿No hay un poco de riesgo de caer en el darwinismo social?–No necesariamente. El darwinismo social se nutre de la selección natural para poder explicar un montón de teorías que están relacionadas con el comportamiento social, y el egoísmo...
–También trata de justificar la dominación de unas personas sobre otras, o la eugenesia.–Pero nuestro proyecto de investigación no tiene nada que ver con eso. Tratamos de identificar la composición genética de una población (por ejemplo, moscas que se desarrollan a diferentes altitudes) y ver cómo cambia el comportamiento si efectuamos variaciones. Por ejemplo: hacemos criar esas moscas a diferentes temperaturas, para ver si el comportamiento de las moscas de alta y de baja altitud está relacionado con su crianza en diferentes temperaturas.
–Además, lo que en un ambiente es adaptativo en otro no lo es.–Claro. El término “adaptativo” no es absoluto sino relativo.
–Y eso es importante desde el punto de vista ideológico, porque al no haber características que sean ontológicamente superiores a otras evitamos creer en la superioridad de, por ejemplo, una raza sobre otra (lo cual, como sabemos, llevó a las más espantosas masacres).–Sí, claro.
–¿Cuántas generaciones hacen falta para que aparezca un cambio genético significativo que se convierta en un rasgo adaptativo? Por ejemplo, ¿cuántas generaciones hay entre el antecesor del elefante y el elefante?–Si le contestara eso, le mentiría, porque hay muchísimos factores que inciden. En primer lugar, habría que decir que no todos los nucleótidos tienen el mismo peso. Hay genes que tienen una “categoría” jerárquica superior. Los homeobox, por ejemplo. No es lo mismo que surja una mutación en un gen “superior” que una mutación que surja abajo. Si surge arriba, probablemente la cascada de cambios será mucho mayor y la selección natural actuará con mayor fuerza. Si ocurre a nivel superior y la selección lo “dejó pasar”, el tiempo necesario para que ocurra un cambio adaptativo va a ser mucho mayor, porque está actuando sobre muchos más genes que si actuara abajo. No todo evoluciona a la misma tasa.
–Aun si consideramos que hubo 600 millones de años en el medio, es muy poco intuitivo cómo uno de esos bichos se convirtió en hipopótamo.–Hay tantas cosas no intuitivas en las ciencias...
–Me gustaría que hablemos un poco de la teoría sintética de la evolución y de la teoría del equilibrio puntuado. La sintética se basa en un gradualismo total. La del equilibrio puntuado, en cambio, se basa en la idea de períodos de evolución rápida y períodos de estasis o quietud.–Igualmente no se olvide que son teorías concebidas con una diferencia temporal muy grande. La sintética se postula a finales del ’30 y principios del ’40, cuando prácticamente no se conocía nada de la estructura del gen (Watson y Crick describieron el ADN en el ’53). Mucha de la teoría sintética estaba basada en estudios de campo con moscas. En el caso de Stephen Jay Gould, su teoría es de los años ’70 y ya cuenta con todo un bagaje sobre genética, ya se empezaba a pensar en una estructura jerárquica de los genes.
–También había una cosa ideológica.–Desde ya...
–Porque la teoría del equilibrio puntuado permitía pensar que el hombre no estaba evolucionando en ese momento preciso...–Claro.
–¿Y hoy en día se toma como posibilidad el equilibrio puntuado?–Sí, claro. Yo creo que ambas teorías conviven. Es muy complicado llegar a una síntesis total entre las dos. Le pongo un ejemplo: en el hombre uno ve una evolución en mosaico. No es lo mismo la evolución del cerebro o de la capacidad craneana que la evolución del largo del cúbito, o del fémur. Cada una de nuestras partes puede llegar a evolucionar a tasas diferentes.
–Lo que quería señalar es que, dado que la evolución ha sido usada con fines racistas, fascistas, eugenésicos, no podemos desprendernos del bagaje ideológico que la acompaña. Y Gould es muy consciente de eso.–Sí.
–¿Y qué más me puede contar sobre la evolución?–Por un lado, que es una cosa impredecible, ciega y azarosa. Uno puede estudiar la evolución a nivel del fenotipo, pero cuando uno trata de entender cómo es que se construye la evolución, cuáles son los mecanismos que determinan la evolución, todo se vuelve muy pero muy complejo.
–La biología evolutiva no es una ciencia newtoniana. La postulación de la evolución y de la termodinámica adelantan lo que va a pasar a fines del siglo XIX con la ciencia.–Sí, estoy de acuerdo con eso. Y por otro lado, es necesario desarmar la idea de que lo más evolucionado es lo más perfecto. Nosotros, por ejemplo, somos muy evolucionados, pero si nos tiran al río nos morimos en dos minutos.
lmoledo@yahoo.com
© 2000-2011 www.pagina12.com.ar|República Argentina|Todos los Derechos Reservados

Autoestima, Luis Horsnstein

Problemas con la autoestima

Cuando el amor a sí mismo no es correspondido

La autoestima –ese registro a la vez tan íntimo y tan dependiente de los otros– es examinada con detalles por el autor de esta nota: “Por autoestima entendemos esa autoevaluación que expresa aprobación/desaprobación. La autoestima, como un sitio web, alguna vez estuvo en construcción, cada tanto es actualizada y está siempre on line, a menos que se tilde”.

Por Luis Hornstein *
/fotos/20110421/notas/na37fo01.jpg
La autoestima es una experiencia íntima: es lo que pienso y lo que siento sobre mí mismo, no lo que piensa o siente alguna otra persona acerca de mí. Mi familia, mi pareja y mis amigos pueden amarme, y aun así cabe la posibilidad de que yo no me ame. Mis compañeros de trabajo pueden admirarme y aun así yo me veo como alguien insignificante. Puedo proyectar una imagen de seguridad y aplomo que engañe a todo el mundo y aun así temblar por mis sentimientos de insuficiencia. Puedo satisfacer las expectativas de otros y aun así fracasar en mi propia vida. Puedo ganar todos los honores y aun así sentir que no he conseguido nada. Millones de personas pueden admirarme y aun así me levanto cada mañana con un doloroso sentimiento de fraude y un vacío interno.
- - -
Todas las personas, aun las menos dadas a la introspección y a observar a los demás, tienen idea de lo que es la autoestima. En la autoestima participan no sólo sentimientos, sino también pensamientos y actitudes. Por autoestima entendemos esa autoevaluación que expresa aprobación/desaprobación. La autoestima, como un sitio web, alguna vez estuvo en construcción, cada tanto es actualizada y está siempre on line, a menos que se tilde.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Ciencia y EticaFerrer Lacosta, C: Ciencia y ética, en Contribuciones a las Ciencias Sociales, febrero 2009, www.eumed.net/rev/cccss/03/cfl2.htm


CIENCIA Y ÉTICA
 


 
Cristina Ferrer Lacostajmariohv@yahoo.es


Antiguamente, la única motivación en la búsqueda científica había sido la curiosidad, el deseo de saber más sobre algo y sin encontrarle un objetivo práctico concreto. No obstante, hoy en día, la relación que une ciencia y sociedad es bastante diferente.
En el pasado, podíamos encontrar una separación temporal entre un descubrimiento científico y sus aplicaciones prácticas, las cuales eran descubiertas por ingenieros en los laboratorios industriales.
En cambio, hoy en día, podemos encontrar casi inmediatamente las aplicaciones prácticas de un descubrimiento. Suele ocurrir incluso con el mismo equipo investigador. Otras veces, lo que sucede es que los equipos de investigación deben buscar solución a un problema ya existente el cual puede ser: medioambiental (contaminación de aguas, suelos y atmósfera) o médico (investigación acerca de enfermedades como el SIDA o el cáncer). Incluso, debo añadir en este grupo, aquellos equipos de investigación que trabajan en el estudio de nuevos medicamentos más eficaces contra enfermedades populares y comunes (antitérmicos, diuréticos, antiácidos, etc…).  
Hay que reconocer que, cada vez son más los medios necesarios para poder abordar ciertas investigaciones. En este caso nos estamos refiriendo a medios tecnológicos y personales, es decir: económicos. Para hacernos una idea, un aparato de resonancia magnética nuclear (básico para cualquier investigación en la que se requiera un análisis estructural) puede llegar a costar lo mismo que uno de esos contratos millonarios de un futbolista de élite.
Esto lleva a los científicos de hoy en día a depender, bien de la administración pública, o bien de un cierto número de empresas con intereses muy particulares.

Por lo que los científicos se ven obligados a competir con otros grupos sociales para obtener los recursos de procedencia pública que se han nombrado anteriormente, y por tanto, la administración se ve obligada a justificar, ante la ciudadanía, el destino de dichos recursos.

Es por ello que, la imagen que la sociedad se forme de la ciencia y de los científicos es fundamental para el desarrollo de muchos campos científicos. Por ejemplo, no va a recibir la misma cuantía un grupo de investigación que se dedique al estudio de energías alternativas (podríamos estar hablando del estudio sobre la posibilidad del empleo de hidrógeno como combustible para vehículos, el cuál por combustión produciría vapor de agua y paliaría el problema de las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera), que otro grupo que se dedique al campo de la física cuántica e intente realizar un cálculo de la polarizabilidad para átomos polielectrónicos mediante el empleo de programas informáticos.

Lamentablemente, la presión social y los incentivos económicos a la labor científica pueden dar lugar a actuaciones que podemos considerar de inmorales y en absoluto científicas. Recordemos que, en la mayoría de los casos, las posibilidades de ascenso dentro de la comunidad científica se basan, en gran medida, en el número de artículos publicados..

El desarrollo científico es uno de los factores más importantes en la transformación de la sociedad actual. Pero los efectos de la ciencia y la tecnología en la sociedad tienen una doble vertiente: por un lado, contribuyen a mejorar el nivel de vida, pero por otro puede dar lugar a la creación de técnicas que pueden poner en peligro el desarrollo de la humanidad:

• Cómo saber si la clonación, a la larga, podrá ser utilizada para reproducir individuos con tendencia criminal, tal y como se ha planteado en diversos libros y películas de ciencia ficción, o es en realidad una alternativa para reproducir especies que están en peligro de extinción.

• Cómo saber si la alteración genética de la variedades vegetales podrá ser utilizada para hacerlas más resistentes a las plagas, superar el uso de insecticidas y abaratar costos, evitar la contaminación de los cultivos para conquistar nuevos mercados protegidos por severas normas técnicas ambientales, o más bien, este avance de la biotecnología será utilizado como arma comercial para desarrollar especies depredadoras que dañen las plantaciones de los países competidores o enemigos políticamente.

• Cómo saber si buena parte de las invenciones científicas y las innovaciones tecnológicas seguirán siendo utilizadas para el desarrollo de armas químicas, bacteriológicas y nucleares, con el devastador y letal poder que han demostrado tener en cada guerra en las que se han utilizado o, más bien tales avances sólo podrán ser utilizados, para producir en la cantidad y con la calidad necesarias los bienes y servicios que se requieren para mejorar la calidad de vida y el bienestar de todos los pueblos del mundo.

Por todo ello, se hace necesario incluir ciertas cuestiones éticas, es decir, un cierto control interno en la ciencia y en sus aplicaciones, aunque la última palabra la tiene la sociedad a través de sus gobernantes.

Por ejemplo, La Sociedad Americana de Química cuenta con que sus miembros se adhieran a los máximos parámetros éticos. El Estatuto Federal de la Sociedad (1937), de hecho enumera explícitamente entre sus objetivos el “progreso de las calificaciones y de la utilidad de la química, a través de grandes parámetros de ética profesional, educación y logros...”.

Según la Sociedad Americana de Química, los investigadores químicos tienen obligaciones profesionales hacia el público, los colegas y la ciencia. Una expresión de dichas obligaciones está plasmada en “The Chemist´s Creed”, aprobado por el ACS Council en 1965. Los principios de comportamiento enumerados a continuación están intentando reemplazar “The Chemist´s Creed”. Fueron preparados por el Council Committee on Professional Relations, aprobado por el concejo ( 16 de Marzo de 1994) y adoptado por la Junta de Directores (el 3 de junio de 1994) para guiar a los miembros de la sociedad en distintos acuerdos profesionales, especialmente aquellos que contengan conflictos de interés.

Los químicos deben, entonces, reconocer responsabilidades hacia:

• El público: Los químicos poseen una responsabilidad profesional para proveer interés público y bienestar y para extender el conocimiento de la ciencia. Deberían estar activamente preocupados por la salud y bienestar de sus colegas, consumidores y de la comunidad. El comentario público en materia científica debería estar hecho con cuidado y precisión sin consignas exageradas, prematuras o no verificadas.

• La ciencia química: Los químicos deben enfocarse hacia el avance de la ciencia química, comprender los límites de su conocimiento, y respetar la verdad. Deben asegurarse que su contribución científica, y la de sus colaboradores, son rigurosas, precisas, e imparciales en diseño, implementación y presentación.

• La profesión: Los químicos deben mantener vigencia con los desarrollos en su campo, compartir ideas e información, mantener los documentos de laboratorios precisos y completos, mantener integración en todos sus comportamientos y publicaciones y dar crédito a las contribuciones de otros. Los conflictos de interés y la falta de ética científica, tanto como la falsificación, fabricación y plagio son incompatibles con este Código.

• El empleador: Los químicos deben promover y proteger los intereses legítimos de sus empleadores, desempeñar trabajo honesto y competitivo, cumplir obligaciones, y salvaguardar la información de la marca registrada.

• Los empleados: Los químicos, como empleadores, deben tratar a sus subordinados consideradamente y respetarlos por su profesionalismo, y deben preocuparse por su bienestar, y proveerles seguridad, un ambiente de trabajo agradable, compensaciones justas, y responsabilidades propias de sus contribuciones científicas.

• Los estudiantes: Los químicos deben considerar el “tutelage” de estudiantes como una verdadera concesión a la sociedad para promover el aprendizaje y el desarrollo profesional de los estudiantes. Cada estudiante debe ser tratado respetadamente y sin explotación.

• Las asociaciones: Los químicos deben tratar a las asociaciones con respeto y consideración, con respecto al nivel de su educación formal, alentarlas, aprender con ellas, compartir ideas con honestidad, y dar crédito a sus contribuciones.

• Los clientes: Los químicos deben servir a sus clientes atentamente, respetar la confidencialidad, asesorarlos honestamente e instruirlos imparcialmente.

• El medioambiente: Los químicos deben entender y anticipar las consecuencias medio ambientales de su trabajo. Deben prevenir responsablemente la polución y proteger el medio ambiente

Este tema se puede trabajar con alumnado de tercero de la E.S.O., concretamente en el tema uno de su programación, el cuál hace referencia al método científico y las actitudes y características de los científicos. Se llevaría a cabo a principios de curso, es decir, en el primer trimestre.

Para introducirles en el tema podemos ver las películas: Gáttaca y El jardinero fiel, las cuáles ponen de manifiesto la ética, o más bien la falta de ética en la aplicación de conocimientos científicos (Gátaca) y el abuso de las compañías farmacéuticas para poner a prueba sus medicamentos en período de experimentación con humanos.

• Síntesis de Gáttaca:

En un futuro no tan lejano, la mayor parte de los niños son concebidos in vitro con técnicas de selección genética. Vincent (Ethan Hawke) es uno de los últimos niños concebidos de modo natural,un "hijo de dios", pero nace con una deficiencia cardíaca por la cual no le otorgan más de treinta años de vida. Es un “no válido” condenado a ocupar los puestos menos gratos de la sociedad. El problema de Vicent hace que sus padres opten por tener a su segundo hijo, Anton, de manera artificial. El hermano de Vicent recibe lo mejor de la carga genética de sus padres, lo cual le garantizará el acceso a infinidad de oportunidades. Desde niño, Vincent sueña con ir al espacio, con ser astronauta, pero por su condición de no válido, es consciente de que es prácticamente imposible. Durante años ejerce toda clase de trabajos hasta que un día contacta con un hombre que le proporciona la llave para pasar a la élite: adoptar la identidad de Jerome (Jude Law), un deportista válido que se quedó paralítico por culpa de un accidente. De este modo Vincent podrá acceder a la Corporación Gattaca, una industria aeroespacial donde es seleccionado para una misión a Titán. Consigue hacer frente a las constantes pruebas genéticas a las que es sometido gracias a las muestras de sangre y tejidos que Jerome le prepara. Pero no todo será tan sencillo: el asesinato del director de la misión y las consecuentes investigaciones y su amor por Irene (Uma Thurman) irán generándole dificultades y alterando el rumbo de su plan.

• Síntesis de El jardinero fiel:

Se trata de una adaptación cinematográfica de la novela homónima de John Le Carré (2001) dirigida por Fernando Meirelles. La película presenta una particular visión sobre la práctica médica en países en vías de desarrollo, aparecen reflejados tratamientos frente al SIDA, así como el estudio de nuevos tratamientos en enfermedades como la tuberculosis. Se realiza una visión crítica sobre la ética en el desarrollo de nuevos medicamentos por parte de la industria farmacéutica.

Esto nos llevará al menos 4 sesiones (dos para el visionado de cada una de las películas). Se podría trabajar conjuntamente Física y Química con Biología y Geología, de manera que en horas de Física y Química se vería El jardinero fiel y en horas de Biología y Geología, Gáttaca.


Bibliografía

• http://www.fcen.uba.ar/quimicaverde/etica.htm
• http://rie.cl/?a=937
• Nueva guía de la ciencia. Isaac Asimov. Editorial Plaza & Janés.
• Red académica de centros de investigación y universidades nacionales.

El fuego de Prometeo Ciencia y Ética (1)

domingo, 13 de febrero de 2011

Salud

futuro
SÁBADO, 12 DE FEBRERO DE 2011
APOGEO Y CAIDA DE LA SALUD COMO “EQUILIBRIO”

Un concepto que fue boyando de siglo en siglo

Así como en las primeras páginas hablamos de la basura, ahora es el turno de la salud. Y es que encontrar una definición de salud puede parecer tan imposible como un triángulo de siete lados y medio. Porque a lo largo de los siglos, de las culturas y otras lindezas por el estilo, este concepto varió, se torció, se dobló sobre sí mismo, tratando de alcanzar el “equilibrio”, sin lograrlo. De ese fracaso trata esta nota.
 Por Marcelo Rodriguez
Para Alcmeón de Crotona –siglo VI
a.C. –, salud era la democracia de los elementos esenciales del organismo, y enfermedad, la tiranía de uno de ellos sobre el resto. El modelo biomédico y el biopsicosocial conviven hoy en la medicina científica no sin cierta tensión, con concepciones contrapuestas pero no necesariamente incompatibles.
La tradición griega de Occidente ligó la idea de salud con la de equilibrio, y la de enfermedad como perturbación de ese equilibrio. Los pueblos más antiguos responsabilizaban por esas perturbaciones a supuestas entidades de un orden diferente al que hoy llamamos seres vivos. Estas podían tener intención de dañar, o bien simplemente se expresaban, indiferentes al sufrimiento causado. A veces castigaban infracciones cometidas. Otros dioses o demonios se consideraban incompetentes para castigar, y simplemente “marcaban” con la enfermedad a las personas de actos impuros, para que el poder de turno –la Inquisición medieval, por ejemplo– aplicase todo el rigor de la ley sobre ellas.
El francés Claude Bernard, un pionero de la fisiología moderna (1813-1878), descubrió las funciones del hígado y el páncreas, en especial las relacionadas con el metabolismo de grasas y azúcares, y logró la más completa descripción del sistema nervioso antes de que en 1888 el español Santiago Ramón y Cajal descubriera las neuronas. Pero también se dedicó, en medio del avance técnico y científico de su época, a repensar a qué debía llamarse “salud”, ahora que ningún médico científico hablaba de “energía vital”, como los antiguos.
“La condición necesaria para la vida –para la vida sana, aclaraba en 1859 Bernard en su Introducción al estudio de la medicina experimental– no se encuentra en el organismo ni en el ambiente externo, sino en ambos. Si suprimimos o alteramos alguna función del organismo, la vida cesa, aun cuando el ambiente permaneciera intacto; por otro lado, si modificamos los factores del ambiente que se asocian con la vida, ésta puede desaparecer, aun cuando el organismo no haya sido alterado.” Bernard ya pensaba que cada ser vivo tiene un “ambiente interno” producto de su propio funcionamiento, en el que se basan las relaciones de equilibrio y de intercambio con el exterior.

NORMALIDADES

La relativa constancia de ese ambiente interno pasa a ser “lo normal”, pero, ¿cuántos diferentes sentidos convergen en esa idea de “normalidad” si se la extrapola al medio externo, que en el ser humano siempre es también social?
Hay una normalidad funcional: cuando las partes encajan y nada hace pensar que ese estado de cosas –la vida– puede ser amenazado, se podría hablar de “salud” en los términos de Bernard.
Pero también se considera “normal” simplemente a lo que es frecuente, independientemente de toda otra valoración: “Si es frecuente, es normal”. Y hay otra acepción de “normalidad” que se relaciona con la normatividad: lo que es, es porque debe ser. El modelo deja de ser una herramienta teórica de ayuda y, convirtiéndose en molde, se vuelve restrictivo.
Esta vuelta de tuerca aparentemente sin importancia –la de interpretar a la salud como un imperativo– será crucial más adelante, cuando la medicina se vuelva un objeto de consumo y de diferenciación social.

LO INTERIOR Y LO EXTERIOR

Cuando en 1928 otro fisiólogo, el estadounidense Walter Bradford Cannon, de Harvard, definió a la homeostasis –el conjunto de condiciones que hacen que un organismo sea estable y por ello se diferencie del mundo que lo rodea–, extendió inmediatamente ese concepto a la vida social. Y en esa suerte de biología de la metáfora, la salud humana dependía de todos los factores que dan cohesión a la sociedad.
En una reseña histórica del concepto científico actual de “salud”, Leopoldo Vega-Franco (Salud Pública de México, 2002) menciona el concepto de ajuste dinámico introducido en 1938 por William Perkins. El relativo equilibrio de la forma y la función corporales resulta, según Perkins, del “ajuste dinámico del organismo ante las fuerzas que tienden a alterarlo” y, sobre todo, “no es el resultado de la interrelación pasiva entre las sustancias del organismo y los factores que pretenden romper la armonía con el medio externo, sino la respuesta activa de las fuerzas corporales que funcionan para establecer” esos ajustes y preservar la vida. La adaptación del cuerpo a su ambiente no es ya un mero acomodamiento pasivo, sino que hay algo con lo que se identifica el estado de salud, que no puede quedar fuera de ningún concepto moderno de salud. Y no es, desde luego, la “energía vital”.
En 1941, el suizo Henry Sigerist (1891-1957) hace otro intento por definir “eso”: habla de “algo positivo, una actitud gozosa y una aceptación alegre de las responsabilidades que la vida le impone al individuo”. Una diferencia fundamental con las definiciones anteriores: ésta sólo es aplicable a la salud humana.
En esta delicada maniobra, el paradigma de la salud pasa de lo biomédico al modelo biopsicosocial, donde la enfermedad no es considerada una entidad con una causa definida que se aloja en un órgano –como lo establece el modelo de la anatomía patológica, que guió el curso de la medicina desde el siglo XVIII– sino que obedece a una multiplicidad de causas y procesos, y donde no siempre es posible establecer el punto de inicio. No es casual que Sigerist sea el autor del latiguillo introducido en 1946 en la definición oficial de la OMS: “Salud no es simplemente la ausencia de enfermedad”.

LA METAFORA DEFENSIVA

El mecanismo que hoy más habitualmente se asocia con la manutención de la salud y la defensa del organismo es el sistema inmunológico. Ilya Mechnikov (1845-1916) describió a fines del siglo XIX cómo ciertas células específicas del organismo –los leucocitos y los linfocitos– fagocitan a los elementos extraños, pero debió lidiar durante décadas contra la versión más consensuada –e indudablemente inspirada en la teoría humoral de Hipócrates, del siglo V a.C.– de que la linfa es el fluido que “limpia” el organismo de impurezas y elimina a los agentes patógenos químicamente.
También fue Mechnikov quien llamó proceso inflamatorio a lo que sucede en los tejidos cuando estas células protectoras reaccionan localizadamente en su defensa. El caso es que desde la Antigüedad, inflamación era sinónimo de enfermedad; ¿cómo fue que pasó a ser parte del principal mecanismo de la salud? Este nuevo concepto, sumado a la evidencia de que biológicamente el organismo no se defiende como un todo sino en partes, señala desde el punto de vista biomédico el fin de la armonía de los griegos: la desarmonía es parte constitutiva del organismo y de la vida, aun en sus plenos estados de salud.

Mehr Licht

Mehr Licht